Trastornos de ansiedad provocados por sustancias psicoactivas

TRASTORNO DE ANSIEDAD PROVOCADO POR SUSTANCIAS PSICOACTIVAS

ISSN 1886-1385 © INFOCOP ONLINE

 

Mª Jesús Irurtia1, Vicente E. Caballo2 y Anastasio Ovejero1
1Universidad de Valladolid y 2Universidad de Granada

El consumo social de algunas sustancias psicoactivas está ampliamente extendido. El consumo de drogas es, con frecuencia, el camino que siguen muchas personas, sobre todo adolescentes, para resolver sus problemas de identidad y buscar una nueva ubicación. En los individuos que acuden a las drogas como forma de búsqueda de un referente, no obtienen el grado deseado y, particularmente si es adolescente, es más probable que se dé una relación entre adicción y ataques de ansiedad (Moral y Ovejero, 2004).

 

Así mismo, el aislamiento social, el sentimiento de exclusión y el rechazo por parte de los demás provocan altos niveles de ansiedad, alcanzando en la adolescencia niveles más comprometidos, precipitando en ocasiones al adolescente a un aislamiento crónico. Esto parece reducir, cuando no agotar, los recursos para enfrentarse a las situaciones temidas, precipitando, en consecuencia, un sentimiento de indefensión y la probabilidad de convertirse en adictos a drogas de diversos tipos (Spoor y Williams, 2007).

Numerosos trabajos ponen de manifiesto la importante relación existente entre el consumo y el abuso de algunas sustancias y la presencia de problemas de salud relacionados con la ansiedad (Goodwin et al., 2004; Ochoa, 1999; Schuckit, 1992). Sin embargo, es difícil establecer cuál es el papel específico que juega cada sustancia en el inicio, mantenimiento o empeoramiento del trastorno específico de ansiedad. Esto se debe a varios motivos: en primer lugar, la mayoría de las sustancias psicoactivas suelen consumirse en asociación con otras, tal como el alcohol y el tabaco (policonsumo). En segundo lugar, se considera que el comienzo del trastorno de ansiedad podría preceder, en muchas ocasiones, al consumo de la sustancia, o simplemente coincidir en el tiempo. En tercer lugar, existen pocos trabajos de investigación concluyentes sobre la provocación de un trastorno de ansiedad por consumo de sustancias psicoactivas. Finalmente, diferentes patologías pueden ir asociadas al trastorno de ansiedad junto al consumo de sustancias. Como consecuencia de esta comorbilidad, se hace aún más complicado establecer la relación directa entre la sustancia y cada problema en particular.

Si bien se trata de forma específica la relación entre cada grupo de sustancias psicoactivas y la ansiedad, en general se puede considerar que esta asociación permite establecer dos niveles: el del consumo de la sustancia como factor de riesgo o causa del desarrollo de un problema psicológico y el del consumo como consecuencia o efecto de padecer tal problema. El consumo regular y prolongado de una sustancia puede conducir a la aparición de diversas patologías asociadas con trastornos de ansiedad. Por otro lado, el consumo de la mayoría de sustancias que se describen se asocia a contextos lúdico-festivos. Las personas toman esa droga porque quieren divertirse, se sienten más eufóricos, más sociables y desinhibidos (Becoña, 2000). Es posible que algunas personas no sean capaces de disfrutar e interaccionar a nivel social si no consumen alguna sustancia (por ejemplo, el alcohol) o bien tengan dificultades para afrontar sus problemas cotidianos o exigencias diarias si no es gracias a alguna de ellas (por ejemplo, los tranquilizantes o, en otros casos, la cocaína). Así mismo, suele ser también uno de los métodos más utilizados para aliviar problemas de tipo emocional. En estas situaciones diremos que el consumo de sustancias psicoactivas es un efecto o una consecuencia de problemas previos.

A este respecto, el uso de las drogas parece estar fuertemente relacionado con problemas de relación, principalmente entre la población adolescente donde se dan otros factores de riesgo. Los estudios epidemiológicos muestran que en los trastornos de ansiedad se da una mayor frecuencia de consumo de sustancias psicoactivvas, con una prevalencia de trastornos por consumo de sustancias del 24%, principalmente en la agorafobia, fobia social y el trastorno por estrés postraumático. A la par, los adictos a sustancias psicoactivas presentan trastornos de ansiedad con mayor frecuencia de la esperada. En los dependientes del alcohol, la prevalencia de estos trastornos oscila entre el 22 y el 68%, destacando la agorafobia, el trastorno obsesivo-compulsivo y la fobia social. En los dependientes de opiáceos son también frecuentes los trastornos de ansiedad (16-28%), principalmente la agorafobia, la fobia social y el trastorno de pánico, y en los dependientes de cocaína se describen con cierta frecuencia, las crisis de ansiedad.

En la actualidad, existe cierta flexibilidad entre la población ante la conducta de consumo de sustancias legales, incluidas ciertas licencias ante conductas perturbadoras si éstas van enmarcadas en un entorno de ocio. En la población adolescente, esto parece dilatarse hasta el punto de aparecer actitudes favorables hacia la droga. De alguna manera, entre una buena parte de la población adolescente se imponen unos nuevos valores frente al ocio y la diversión. Como consecuencia, dentro del contexto lúdico, se ven con buenos ojos actitudes explícitas de pérdida de control, acumulación de bebidas y búsqueda de nuevas emociones, aunque éstas se salgan de los patrones adaptados de conducta. La unión del consumo de drogas con el ocio, con la evasión, con el bienestar y con el consumo abusivo de alcohol, resulta una mezcla fatal con resultado de diferentes trastornos de ansiedad para muchos consumidores.

Los trastornos de ansiedad se multiplican en la actualidad. Están produciéndose una serie de cambios sociales relacionados con la tecnología, la imagen personal, la economía, la educación, el mundo laboral, etc., con una velocidad basada en las necesidades del consumo, que está llevando a muchos y, sobre todo a los más jóvenes, a una incertidumbre que, con frecuencia, termina por producir un escepticismo o una frustración social, de la persona que se busca una salida por las más variadas vías, entre las que se encuentra el consumo de sustancias psicoactivas. Alguna de las vías eficaces para prevenir tal conflicto consiste en llevar a cabo en el ambiente escolar, en un contexto de trabajo cooperativo en grupo, programas de entrenamiento de ciertas habilidades sociales de autonomía, independencia y críticas, que consigan que adolescentes y jóvenes se forjen una adecuada y sólida identidad, lo que fortalecería tanto la autoestima como sus capacidades de afrontar con éxito las seductoras llamadas sociales de las sensaciones artificiales de felicidad.

Hemos examinado que el empleo de las técnicas conductuales, dentro de programas multimodales más amplios, demuestran su eficacia (Silveman, 2004), primordialmente a corto plazo. Pero lo cierto es que la concienciación social, familiar y general continua siendo inestable. Quizá las futuras líneas de investigación tengan que dirigirse a resolver algunas deficiencias relacionadas con estos aspectos, que mejoren los resultados a medio y largo plazo de los programas.

El estudio original en el que se basa este artículo puede encontrarse en la revista Psicología Conductual

 

One comment

  • Eugenio Martinez
    22 agosto 2013 - 19:13 | Permalink

    El ARTICULO ESTA MUY BUENO. Me gustaría saber si existe alguna investigación relacionada con este trastorno que explique si este trastorno tiene que ver con el abandono al tratamiento.
    Estoy realizando una investigación al respecto. Gracias.

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