El ego es el núcleo central de toda la actividad de la mente, es decir son ciertos pensamientos y emociones repetitivos y persistententes con las que nos identificamos con fuerza. Aquí se incluyen también recuerdos que defino como “yo y mi historia” , papeles habituales que desempeñas sin saberlo (padre, hijo, víctima, jefe, etc), identificaciones colectivas como la religión, raza, clase social, etc, y también identificaciones personales como mis opiniones, creencias, posesiones, apariencia externa y conceptos de ti mismo.
El contenido del ego es distinto en cada persona, pero actúa en todas las personas de la misma manera. Sirve de referencia y es útil pues en el se acumulan muchas experiencias vividas importantes para el éxito, el aprendizaje y la supervivencia, y por eso tiene su propia función de supervivencia tratando continuamente de protegerse y agrandarse. El problema es cuando una persona se confunde con su propio ego, o la voz de su cabeza, y vive su vida en función de unas creencias y conceptos aprendidos que fueron muy útiles en un momento dado de su vida, pero que en el momento actual pueden no solo ya no serlo, sino convertirse en una serie de juicios y conclusiones limitadoras, que son precisamente lo que está causando un problema en el presente. Aunque estas ideas en que se basa el ego aparentan ser inamovibles, no lo son en absoluto y con un poco de observación y práctica pueden ser sustituidas por otras mas adaptativas para no quedar atrapado y vivir como un exclavo de la propia mente.